(Hoy en el blog de Sexo Gratis vamos con un relato muy caliente sobre un tipo que tuvo una experiencia inolvidable con mujeres a las que también les gustaba dar en lugar de recibir…).
Me ligué a esas dos bellezas y me creí el tipo más seductor y popular del mundo, el amo del universo. No se habían arrimado a mí para que les pagase copa tras copa mientras me ponían caliente y luego no había nada de sexo. Al contrario, habían venido para pasar una noche conmigo, y lo mejor es que no eran dos prostitutas.
Aclaro esto último porque ya me pasó una vez, y no es que tenga en nada contra ellas, pero prefiero no pagar por tener sexo. No soy un gran conquistador, pero de vez en cuando si conozco a alguna amiguita interesante, y puedo presumir de conservar algunas amistades muy saludables de mis escarceos amorosos.
El caso es que se acercaron a mí, las dos. Una tenía el pelo liso y muy bonito, castaño claro, muy expresiva y seductora. Tenía carnes sin estar gordita, y era como a mí me gustaba, con tetas generosas y naturales. Su amiga parecía mestiza, buen culo, mirada penetrante, me ponía cachondo solo con su sonrisa.
Resultó que a los tres nos gustaban las películas de ciencia ficción y la serie Modern Family, en donde todos eran muy modernos y exploraban formas distintas de amar y vivir en familia. Así salió, aunque no tuviera una relación muy directa, el tema de hacer un trío.
Lo que yo no sabía es que iba a ser un trio con transexuales.
Bueno, con transexuales no, solo con uno, aunque como veréis a continuación fue casi como si hubiese estado follando con transexuales, sí, con dos.
Me llevaron a un piso de alquiler que tenía cerca una de ellas, la única que era una mujer 100% (la del pelo liso), me desnudaron entre risas como si estuviesen jugando con un juguete nuevo y me pusieron contra la cama con un cojín debajo. Cuál fue mi sorpresa cuando vi a la de las tetas gordas ponerse una polla de esas de plástico sujetas por un cinturón.
Así fue como acabamos follando con arnes, yo contra la almohada con cara de perplejidad y un poco de apuro, ya que no estaba acostumbrado a que me metieran nada por el culo. Para que me relajase, la otra se dedicaba a pajearme por debajo, y por entonces yo todavía no me había dado cuenta del regalo que tenía aguardándome…
(Continuará)