(Ayer comenzábamos este relato erótico en el que una madre madura enseña a follar a su hija, en concreto le enseña a pasar el semen de boca a boca):
Mamá no perdió el tiempo. Entró, ante la perplejidad de mi chico, al que se le quedaron las piernas tiesas. Afortunadamente, en cuanto mamá dejó caer distraídamente el tirante de su top y le mostró sus enormes tetas (qué envidia me daban), a mi chico también se le quedó tiesa la polla. Me habría cabreado de verdad que mamá me hubiese estropeado el plan.
—Venga, tonta, hazle una felación ahora que la tiene bien erecta.
Me fastidiaba el lenguaje excesivamente formal de mi madre, pero lo cierto es que me apetecía mucho chupársela, así que obedecí. Las madres enseñando a follar a sus hijas deberían estar prohibidas… Bueno, no entiendo de legislación, puede que lo esté. Lo que quiero decir es que en ese momento me encontraba algo incómoda, lógicamente, pero como estaba habituada a que mi madre metiese las narices, no dije nada. Sabía por experiencia que era mejor dejar que soltase su discurso y se fuera.
Aunque en esta ocasión lo que no quería soltar era la polla de mi novio.
Me pidió (más bien me obligó) a que le abriese bien los labios para que el piercing que llevaba en el coño no le estorbase mientras mi chico la penetraba. Él me miró raro, pero al ver que yo le hacía gestos de resignación parece que acogió de buen grado lo de follarse a una madura atractiva, rubia y tetona como mi madre. Menos mal que mamá tuvo la deferencia de no gastarme demasiado al chico. Solo quería preparar un poco la cosa para ir a la lección que quería darme, y como sabía que los adolescentes, sobre todo los chicos, son algo inexpertos, pensó que le entrarían ganas de correrse rápido.
Aunque mi chico nos sorprendió a las dos (quizás porque tenía dos años más que yo y algo más de experiencia en la cama). Aguantó bastante bien e insistió en follarme a mí, lo cual conquistó mi corazoncito, al menos esa tarde. Pero parece que mi coñito lubricado y hambriento fue superior a él. Miró a mamá con urgencia, y esta, con voz perentoria, le exigió:
—Vamos, ahora córrete en la boca de mi hija. Y tú no te lo tragues, ¿eh?
Obedecimos, pero la lección de cumswapping no había concluido. Ahora tocaba pasarse el semen con la boca, algo en lo que yo no estoy muy ducha, pero mamá me fue dando instrucciones mientras se ponía por debajo para que yo pudiera ir escupiendo lentamente el semen, lejos al principio, cerca de su boca después.
Jamás olvidaré la visión de mamá, sonriente, con la boca desbordando el semen de mi novio mientras se despedía como si nada…
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