(Hoy en el blog de Sexo Gratis, una experiencia distinta, con chicas flexibles que saben cómo follarse a dos tíos a la vez y adoptar toda clase de posturas imposibles):
Teníamos ganas de sexo y lo hicimos en el reservado del bar cuando mi jefe se fue y yo me quedé limpiando. Esos dos macizos me habían dejado buenas propinas y me habían puesto muy caliente, así que les pasé una nota para que me esperasen por la puerta de atrás.
En cuanto les hice entrar, no di ningún rodeo más y pasamos a la acción sobre uno de los sillones, contra la pared. Uno de los chicos no sabía bien qué hacer y pillé por banda al otro, que ya se había quitado la ropa y me arrastraba contra el muro. ¡Cuánto ímpetu! Me encanta, hmmm… Normalmente suelo ser más pausada en este tipo de cosas, no me gusta que me follen de buenas a primeras porque necesito calentarme primero, pero con esos dos musculitos quería sexo anal hasta que me rompieran.
Casi me había arrancado toda la ropa, me apoyó sobre sus muslos y me rodeó con un brazo enorme mientras me metía su polla por el coño en una especie de cabalgada a medias. Como la postura no terminaba de ser sencilla, me ayudé con mi mano estimulándome el clítoris. Temía que ese tipo se corriera pronto, y por si acaso no quería quedarme a medias, aunque había otro esperándome con su enorme miembro venoso sudando líquido preseminal.
“¡Más fuerte, vamos, vamos, más fuerte, cabrón!”, le exigí, a punto de llegar a mi primer orgasmo. Sentía que sus huevos iban a reventar contra mis muslos, porque de lo fuerte que se impulsaba estos no paraban de golpear por allí abajo. Supuse que ese no se iba a poder sentar en un buen rato cuando termináramos…
Entonces el amigo me sorprendió y se decidió por fin a acercarse. Había probado muchas posturas en el sexo a lo largo de mi vida, especialmente de mi vida como camarera, pero nunca una doble penetracion tan rara como esa.
(Continuará)