(Relato porno para sexo gratis que narra el testimonio anónimo de un hombre que tuvo la fortuna de encontrarse a una mujer muy bien dotada, demasiado dotada, y dispuesta):
En la discoteca, con el relampagueo de luces no me parecieron tan exageradas sus tetas, claro que las llevaba muy bien sujetas y apretadas. Me pareció la típica mulata más bien rellenita y bien dotada, pero tampoco era mi tipo, y como tengo bastante éxito con las mujeres, me permití el lujo de no acercarme a ella por iniciativa propia, aunque mis amigos me estaban, casi literalmente, empujando hacia ella.
El caso es que tenía una sonrisa encantadora, muy melosa, y su cara era redondita y perfecta, aunque su cuerpo estuviese algo desproporcionado para lo que yo estaba acostumbrado. Sin embargo, me conquistó con cuatro palabras, la invité a unos cubatas y de pronto me puse muy caliente. No nos lo pensamos más.
Cuando llegamos a mi piso pude apreciar de verdad sus tetas gigantes, y la palabra gigante se queda corta. Me aseguró que eran naturales, y cuando se quitó la ropa yo también estaba convencido de ello, aunque no sé muy bien cómo puede llegar una mujer a desarrollar unos pechos así, “Te debe estar fastidiando la espalda eso”, le dije, pero ella se río, llevó su dedo a mi boca para callarme y luego me besó.
En realidad, debo decir que se echó sobre mí y me derribó en la cama, pero no me sentí agobiado ni nada por el estilo. La chica pesaba muy poco, era más bien menuda y tenía un cuerpo jugoso, abundante, pero no obeso, así que pude manejarla bien en la cama llevando yo la iniciativa, a pesar de que esos dos balones debían de pesar veinte kilos cada uno… Bueno, exagero, iba demasiado bebido como para sacar ese tipo de conclusiones.
Me quedé fascinado cuando me puse en ángulo de noventa grados con ella boca arriba sobre la cama. Sus tetas se movían de una manera inacabable y maravillosa. Estaba tan concentrado en ellas que no me di cuenta de que la mulata se había corrido tres veces y había deshecho la ropa de la cama por completo.
Entonces se me ocurrió que necesitaba correrme entre esas enormes tetas. “Hazme una cubana”, le pedí, y ella accedió encantada. No era sencillo mover esos dos melones morenos, pero la chica se las apañó para hundir mi polla por completo entre ellos. La sensación de presión fue tal que exploté de placer y me perdí el momento de ver mi semen en sus tetas, algo que por otro lado me encanta. En ese momento me dio igual. Acabé derribado en la cama, y ella se echó sobre mí y me cubrió con sus impresionantes tetas, hasta que desperté al día siguiente con la misma cara de satisfacción que se me pone cada vez que encuentro algo nuevo e interesante en el sexo.